La muerte se apiada de los que no encuentran descanso
yo no hallo camino llano que guíe mis pies, que no desgaste mis zapatos.
Animales que descalzos andan por abruptos valles
y yo, sola, me sumerjo en ese camino complicado
en el que tú eres mi norte y no encuentro musgo que me guíe.
Busqué profundo un camino y un mapa
pero no encuentro ni razón ni destino
que me explique porqué en mis ojos tu mirada
arden y de besar dan ganas
queman y reniego de ser alma penada.
Me siento como barco de papel
que se empaña, se empapa y se hunde
al no encontrar esos brazos que me agarren
cuando tropiezo y caígo,
tropiezo y no me levanto.
Hielo que pareces cuando desafiante me miras
y yo que no encuentro palabras para decir lo que siento
actos que cuanto más insignificantes, más importantes
y yo que pierdo la razón y agarro a la muerte...
muerte de unas palabras que no alcanzas ni entiendes.
Fuego que quema mis manos al contacto de unas cuerdas
que no gritan acordes, torpes y desafinados dedos que no acertás
patosos y acongojados pensamientos que no fluyen...
todo por el miedo al fracaso que acecha en cada palabra
todo por la congoja y el temor a una de tus palabras.
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