
Domingos en los que no hay nada que hacer
que las horas pasan lentas y se me clavan
se aferran y se amarran entre ellas
y me consumen en mi desidia...
No te tuve ni diez días
y parece que viví una eternidad
que pasaba veloz
que no tenía horas...
Sólo tuvimos algunos segundos...
Y ahora pienso en mi arrepentimiento
que como agujas en los dedos no deja de doler
que como agujas en los ojos no me deja ver
más allá de ésta maldita angustia.
A ti que parece que no te importó
ni aquella noche al tomar aquella decisión...
Y yo pienso en aquella mañana
en que tus palabras dejaron de ser amadas...
Sólo me quedaron algunas lágrimas...
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